viernes, 24 de diciembre de 2010

Epígrafe 9.5.

Tema 9.5. Esplendor cultural. El siglo de oro

Si en el ámbito de la ciencia y del pensamiento podemos hablar de un siglo de decadencia, como corresponde a una población mayoritariamente analfabeta, donde el acceso a la cultura seguía siendo minoritario, con la enseñanza controlada por las órdenes religiosas y basada en las autoridades y escritos admitidos por la Iglesia, que a través del Índice de libros prohibidos filtraba cualquier tesis que contraviniera las verdades admitidas, no ocurre lo mismo con la literatura y el arte. En tales campos la calidad es tan espectacular que justifica la denominación de Siglo de Oro.
Era una sociedad que estaba marcada por los valores aristocráticos y religiosos de la mentalidad colectiva en la centuria anterior, pero acentuados; el “honor” y la “dignidad” fueron reivindicados por todos los grupos sociales, lo que llevaba al rechazo a los trabajos manuales, considerados “viles”. Toda esta mentalidad debe enmarcarse, además, en un contexto de pesimismo y de conciencia de la decadencia del país.
Sin embargo, por contradictorio que pueda parecer, en el ámbito cultural en esta centuria España vivió una época de auge sin precedentes.
En el terreno de la literatura el siglo se inicia con la publicación, en 1605, de la primera parte de El Quijote. En esos mismos años estaba en pleno apogeo la poesía de Luis de Góngora y, poco después, saldrían a escena autores como Lope de Vega, Francisco de Quevedo o Tirso de Molina. A otra generación perteneció Pedro Calderón de la Barca.
Lo mismo cabe decir del arte, pero no sólo de la pintura, también la arquitectura y la escultura tuvieron grandes artistas.(1)
(Autorretrato de Velázquez, galería Ufizzi)
No hay que olvidar que el arte barroco es el de la Contrarreforma, lo que significa un arte al servicio de la Iglesia y de la Monarquía que la amparaba y con la que compartía valores e ideología.
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(1) Resuma el apartado del arte de la pág. 59, tres últimos párrafos.
Índice de contenidos, como de costumbre.

Epígrafe 9.4.

TEMA 9.4. EVOLUCIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL
El siglo XVII fue un siglo de crisis económica en Europa en general, en el Mediterráneo en particular y, muy especialmente, en la Península Ibérica. En la Corona española la crisis fue más temprana y más profunda que en el resto de Europa.(1)
Ya en la primera mitad del siglo aparecen problemas demográficos. Epidemias, entre las que destacan las de la peste, se repitieron periódicamente, coincidiendo con épocas de carestía y hambre. Un ejemplo, Sevilla perdió 60.000 habitantes en la peste de 1647. Otros factores influyeron en la crisis demográfica: la expulsión de los moriscos en 1609 supuso la pérdida del tres por ciento de la población del reino, siendo especialmente grave en Valencia y Aragón. Las frecuentes guerras exteriores y el  incremento de los miembros del clero, que redundó en el descenso de las tasas de natalidad. La crisis golpeó con más fuerza a Castilla que a los reinos periféricos.
En la segunda mitad del siglo, la crisis se agudizó. A la decadencia de la agricultura, agravada por la expulsión de los moriscos, se le unió la de la ganadería lanar, que encontró graves dificultades para la exportación, y la de la industria, incapaz de competir con las producciones extranjeras.
(Monedas de vellón del siglo XVII)
El comercio también entró en una fase recesiva. La competencia francesa en el Mediterráneo y la competencia inglesa y holandesa en el Atlántico agravaron una coyuntura marcada por el creciente autoabastecimiento de las Indias y el agotamiento de las minas americanas. Consecuencia de la crisis comercial fue la disminución de la circulación monetaria y la acuñación de monedas de escaso valor metálico, como el vellón.
Esta situación fue criticada por los llamados arbitristas. Denunciaban la excesiva presión fiscal, los abusos señoriales, la falta de inversión de los estamentos privilegiados y sobre todo insistían en que los monarcas iniciaran una política de paz. Al hilo de las teorías mercantilistas que se extendían por Europa, recomendaban la restricción de las importaciones de manufacturas y la protección de la artesanía.
Solo a finales del siglo XVII los ministros de Carlos II emprendieron una auténtica, aunque tímida, política mercantilista; sin embargo, pese a que hubo síntomas de recuperación, la situación de la economía española a finales de siglo continuaba siendo de estancamiento y dependencia exterior.
En este marco de crisis económica, la sociedad estamental española vivió un proceso de polarización marcada por el empobrecimiento de un campesinado que constituía la mayor parte de la población, la debilidad de la burguesía y las clases medias, y el crecimiento numérico de los grupos sociales improductivos, como la nobleza y el clero, en un extremo, y los marginados (pícaros, vagos y mendigos) en otro.
La mentalidad social imperante, marcada por el desprecio al trabajo, agravó la crisis social y económica. El hidalgo ocioso y el pícaro se convirtieron en arquetipos sociales de la España del Barroco.
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(1) Resuma el contenido de la carta del embajador inglés en España en 1640.(Lateral, p. 53)
Índice de contenidos.

Epígrafe 9.3.

TEMA 9.3. EL OCASO DEL IMPERIO ESPAÑOL EN EUROPA
La Paz de Westfalia de 1648 puso fin a la Guerra de los Treinta Años. Supuso el fin de la hegemonía de los Habsburgo (Austrias) en sus dos ramas, la de Madrid y la de Viena, en Europa.

El reinado Felipe III (1598-1621) fue un reinado pacífico. Agotada España y sus enemigos tras las continuas guerras del siglo anterior, se paralizaron los conflictos con Francia, Inglaterra y los rebeldes holandeses, con los que se firmó la Tregua de los Doce Años.

Con Felipe IV (1621-1665) y su valido, el Conde-Duque de Olivares, España volvió a implicarse en los grandes conflictos europeos. La monarquía española participó en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), apoyando a los Habsburgo de Viena (Emperador del Imperio Germánico) y a los príncipes católicos alemanes. El fin de la Tregua de los Doce Años (1609-1621) añadió un nuevo frente al conflicto.
(Derrota de Rocroi. Principio del ocaso español)
El conflicto se inició con victorias de los Habsburgo, como la toma de Breda a los holandeses (cuadro de Velázquez) y las victorias de Nordlingen y la Montaña Blanca en el conflicto germánico. Pronto cambió el signo del conflicto y las derrotas se repitieron, como en Rocroi (1641) ante Francia, mientras que franceses e ingleses atacaban las posesiones americanas. La impotencia de los Habsburgo llevó finalmente al Tratado de Westfalia (1648) por el que se ponía fin a la Guerra de los Treinta Años y en el que España reconoció la independencia de Holanda.
La Paz de Westfalia no marcó el fin de las hostilidades. La guerra continuó hasta 1659 contra Francia. Finalmente en la Paz de los Pirineos (1659), Felipe IV aceptó importantes cesiones territoriales, Rosellón y Cerdaña, Artois... en beneficio de la Francia de Luis XIII (1).
Otro frente fue Portugal, porque Felipe IV no aceptó su independencia. La alianza con Inglaterra permitió a los portugueses consolidarse y, finalmente, ya en el reinado de Carlos II, en 1668, se firmó la paz definitiva, con el reconocimiento de la independencia de Portugal.
A las pérdidas de Portugal y de las Provincias Unidas se unía el abandono de Alemania y el control de Francia sobre la ruta que unía por tierra las posesiones italianas y los Países Bajos españoles. En el mar, el dominio había pasado a las escuadras de Francia, Holanda e Inglaterra. Puede decirse que los reinos españoles habían tocado fondo en los años finales del reinado de Felipe IV.

La débil monarquía de Carlos II (1665-1700) fue incapaz de frenar al expansionismo francés de Luis XIV, España cedió diversos territorios europeos en las Paces de Nimega(2), Aquisgrán y Ryswick. Su muerte sin descendencia provocó la Guerra de Sucesión (1701-1713) al trono español en la que al conflicto interno se superpondrá un conflicto europeo general. La Paz de Utrecht en 1713 significó el fin del imperio español en Europa.
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(1) Mirar el mapa de la p. 55
(2) Escoger la paz de Nimega y ampliar algo sobre ella.
Hacer el índice de contenidos

Epígrafe 9.2.

La crisis de 1640 Epígrafe 9.2
(Medalla conmemorativa de la Paz de los Pirineos)
El enorme esfuerzo militar que para la Monarquía suponía las continuas guerras europeas (la Guerra de los Treinta Años (1) y las hostilidades con los rebeldes holandeses) y la demanda de sacrificios a los reinos que componían la Corona realizada por la “Unión de Armas” propuesta por el Conde-Duque de Olivares en 1632 (2), precipitaron la crisis de 1640 con dos escenarios principales: Cataluña y Portugal.
El fracaso de Olivares para que las instituciones catalanas aceptaran la “Unión de Armas” no le impidió mandar tropas al Principado al estallar la guerra con Francia. La presencia de tropas castellanas, mal recibidas entre el campesinado catalán, dará lugar a numerosas protestas. Finalmente el día del Corpus Christi de 1640, grupos de campesinos atacaron Barcelona, asesinaron al virrey y precipitaron la huída de las autoridades (el Corpus de Sangre, 7de junio)
Asesinado el lugarteniente del rey, representante de las instituciones de la monarquía, la Generalitat presidida por Pau Clarís se puso al frente de la rebelión. Ante el avance de tropas castellanas, los rebeldes aceptaron la soberanía de Francia. Un ejército galo entró en Cataluña y derrotó a las tropas castellanas en Montjüic. El dominio de la Francia de Luis XIII y Richelieu terminó con la reconquista del Principado y la caída de Barcelona en 1652. Sin embargo, la Corona Española perdió el Rosellón y la Cerdaña en la Paz de los Pirineos en 1659.
Aprovechando la crisis catalana, en diciembre de 1640 se inició la rebelión en Portugal.
La
falta de ayuda castellana ante los ataques holandeses contra las posesiones portuguesas en Asia y la presencia de castellanos en el gobierno del reino provocaron que las clases dirigentes lusas dejaran de ver ventajas en su unión a la Corona española. La rebelión, organizada en torno a la dinastía de los Braganza, se extendió rápidamente.
El
apoyo de Francia e Inglaterra, ansiosas de debilitar a España, llevó a que finalmente, Mariana de Austria (madre-regente de Carlos II) acabara reconociendo la independencia de Portugal en 1668.

Las sublevaciones en la década de 1640 se extendieron por otras partes del reino: en la Corona de Aragón y Valencia en 1643. En Italia hubo importantes motines en Palermo y Nápoles (1647). No todas tienen el mismo carácter, algunas como la de Andalucía en 1641 buscaban por parte de la alta nobleza independizarse del reino, pero la mayoría son revueltas populares contra la subida de impuestos, la carestía del pan y contra las oligarquías y nobles locales.
Pese a todas estas revueltas la monarquía de los Austrias sobrevivió, aunque con el fracaso de las políticas de reforma impositiva, refuerzo y centralización del poder monárquico (el conde-duque de Olivares fue destituido en 1643). En adelante, la aristocracia volvió a recuperar el poder y los fueros se respetaron.
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En el libro, en la p. 62, hay una explicación de la Guerra de los Treinta Años. No hace falta que la incorporen si no lo creen necesario.

Sí deben incorporar un resumen de la carta que dirige Olivares al rey en 1624 (p. 53) y que es un anticipo de la "Unión de Armas".
Y les recuerdo el índice de contenidos acostumbrado.

Epígrafe 9.1.

BLOQUE 9. EPÍGRAFE 9.1. Los Austrias del siglo XVII. Gobierno de validos y conflictos internos.
La principal innovación en el funcionamiento del sistema político de la monarquía española en el siglo XVII fueron los validos. Los validos son personajes, miembros de la aristocracia, en los que el rey depositaba su total confianza. El monarca se desentendía de las labores de gobierno y el valido tomaba las principales decisiones. Dos razones explican su aparición: las labores de gobierno eran cada vez más complejas y los monarcas españoles del siglo XVII, los Austrias Menores, no destacaron por su espíritu laborioso. No fueron un fenómeno exclusivamente español. Figuras similares aparecieron en otras monarquías europeas. Los mejores ejemplos fueron Mazarino o Richelieu en Francia.
Los validos gobernaron al margen del sistema institucional de la monarquía, al margen de los Consejos. El nuevo sistema significó un aumento de la corrupción. Los validos aprovecharon su poder para conseguir cargos, pensiones y mercedes para sus familiares y partidarios, lo que provocó críticas generalizadas por parte, sobre todo, de los letrados que formaban los Consejos y los miembros de la aristocracia que no gozaban del favor del valido(1). Validos de Felipe III: Duque de Lerma y Duque de Uceda. Validos de Felipe IVConde-Duque de Olivares y Luis de Haro. Validos de Carlos II: Padre Nithard, Fernando Valenzuela, durante la Regencia de Mariana de Austria (1665-1675),  Duque de Medinaceli y  Conde de Oropesa (Carlos II).
(El conde-duque de Olivares retratado por Velázquez)
Desde el siglo XVI se manifestaron conflictos entre una tendencia centralizadora, que trataba de homogeneizar los territorios de la Corona siguiendo el modelo de reino más poderoso, Castilla,  y una tendencia descentralizadora que buscaba el mantenimiento de las leyes (fueros) e instituciones particulares de cada territorio. A estas tensiones se les vino a unir en el siglo XVII las derivadas de la dura crisis económica y social que sufrió la monarquía hispánica.
Felipe III continuó la política de intolerancia religiosa: en 1609 decretó la expulsión de los moriscos. Esta medida afectó especialmente a los reinos de Aragón y Valencia y provocó el despoblamiento de determinadas zonas y falta de mano de obra agrícola (2).
El valido de Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares, trató de que los demás reinos peninsulares colaboraran al mismo nivel que Castilla en el esfuerzo bélico que agobiaba a una monarquía con graves dificultades financieras. España participaba en esos momentos en la guerra de los Treinta Años. Este proyecto de Olivares, conocido como la “Unión de Armas” desencadenó la crisis más grave del siglo XVII, la crisis de 1640. Animadas por la rebelión catalana, los estamentos dirigentes portugueses iniciaron el proceso de independencia. Las Cortes portuguesas proclamaron rey al duque de Braganza. Los rebeldes fueron apoyados por Francia e Inglaterra, potencias interesadas en debilitar a España. Finalmente, Mariana de Austria, Madre-regente de Carlos II, acabó reconociendo la independencia de Portugal  en 1668. En plena crisis de la monarquía, hubo levantamientos de tinte separatista en Andalucía, Aragón y Nápoles. Pese a ser aplastadas todas las rebeliones, excepto la portuguesa, Felipe IV mantuvo los fueros de los diversos reinos.

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El alumno deberá en el paréntesis (1) resumir el texto del lateral de la p. 52, que trata de la crítica de Quevedo al sistema de los validos. Debe escoger una frase e incorporarla literal al texto principal.
En el paréntesis (2) hacer un resumen del 2º párrafo de la p.47 que añada alguna información sobre la expulsión de los moriscos.
Como es habitual, debe, asimismo, hacer un índice de los contenidos.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Epígrafe 8.5

 
TEMA 8.5. CULTURA Y MENTALIDADES. LA INQUISICIÓN

En el siglo XVI España se movió entre el espíritu humanista del Renacimiento y la ortodoxia de la Contrarreforma.
No sólo asistimos a un importante desarrollo en el campo del arte, también se produce un debate en el ambiente cultural que trata de superar la escolástica bajomedieval por el humanismo renacentista, en lo que tuvo una gran influencia Erasmo de Rotterdam. Los principios del humanismo se enseñan en las nuevas universidades, sobre todo en la de Alcalá de Henares (la Biblia Políglota Complutense es el mejor ejemplo de este renacer cultural), fundada por Cisneros.
El castellano fue el principal instrumento de difusión cultural y en el que se escribieron las principales obras literarias, las poéticas de Garcilaso o Boscán, o las narrativas como La Celestina o el Lazarillo de Tormes.
La política internacional de Carlos I y la expansión ultramarina estimuló la atención a los problemas de las relaciones internacionales, destacando el dominico Francisco de Vitoria como uno de los creadores del derecho internacional. Las conquistas también contribuyeron al desarrollo de la navegación, la geografía y las ciencias naturales.
Pero el triunfo de la Reforma protestante en territorios europeos provocó un cambio de actitud mental, coincidiendo con el acceso al trono de Felipe II. La sociedad española se convirtió en la más rígida defensora de la ortodoxia católica. Teólogos españoles que asistieron al Concilio de Trento adquirieron gran protagonismo como Alfonso Salmerón o Melchor Cano. Se fundó la Compañía de Jesús que representó el espíritu combativo en Europa frente a los protestantes, además de llevar a cabo una activa labor misionera en América, junto a otras órdenes como  los dominicos.
La Inquisición se convirtió en un temido instrumento de lucha contra el protestantismo. En 1553 la Inquisición publicó el primer Índice de libros prohibidos y cinco años más tarde se instauró la censura. Cualquier manifestación de heterodoxia podía llevar a la cárcel. Incluso el arzobispo de Toledo, Bartolomé de Carranza, fue acusado de erasmista y para escapar de la Inquisición tuvo que huir a Roma. En 1558 surgieron en Sevilla y Valladolid dos brotes de protestantismo en torno a grupos de intelectuales y nobles, se detuvo a los sospechosos y los principales cabecillas fueron ejecutados. El mismo Felipe II acudió al auto de fe celebrado en Valladolid para manifestar su posición frente al protestantismo.
En ocasiones, la represión de la disidencia religiosa se utilizó como castigo a cualquier forma de oposición a la autoridad real, éste fue el caso del secretario de Felipe II, Antonio Pérez.

El alumno deberá dividir este epígrafe en dos partes (en el texto aparecen claramente). De cada una de estas partes hacer un índice. Para finalizar, añadir algún caso más de persecución religiosa (libro p. 47).

Epígrafe 8.4

 
TEMA 8.4 ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI
A lo largo del siglo XVI el crecimiento demográfico fue general, si bien más pronunciado en Castilla que en Aragón. La población de ambos reinos pasó de unos 6,5 millones de habitantes al inicio del siglo a unos 8 al término del mismo.
La estructura demográfica se mantuvo: siguió siendo un país de campesinos con ciudades de pequeño tamaño, pero sí se produjo un cambio en su distribución: las ciudades del norte de Castilla se debilitaron, mientras que las del sur y del levante continuaron su crecimiento gracias al comercio con América (Sevilla con más de 100.000 habitantes era la ciudad más poblada de España). Se calcula que emigraron a América unos 150.000 personas, que si bien no supone una cantidad importante, si hay que tener en cuenta que se trataba de hombres jóvenes, con las consecuencias demográficas que eso comporta.
Se produjo un importante desarrollo económico, también más acusado en Castilla que en Aragón. La razón más importante estaba en el crecimiento de la población, que hizo aumentar la demanda, pero también en la colonización de América: los colonos reclamaban todo tipo de productos que faltaban allí. La agricultura tuvo un alza constante, aunque ni se mejoró ni transformó la estructura agraria heredada de la Edad Media, simplemente se pusieron más tierras en cultivo. También se produjo una expansión de la industria artesanal, sobre todo de los gremios textiles, sin embargo, la monarquía favoreció a los exportadores de lana y otorgó protección a los industriales textiles flamencos, que poco a poco se hicieron con el mercado interior y con el americano. El comercio fue el sector que conoció mayor desarrollo a lo largo del siglo XVI, gracias a la explotación del Nuevo Mundo. En definitiva, Castilla fue incapaz de abastecer la demanda, fenómeno que contribuyó a una característica esencial que comienza en este siglo: la revolución de los precios.
Desde el inicio del siglo se produjo en toda Europa un fenómeno nuevo, un alza de precios continua y sostenida. El fenómeno fue mucho más acusado en la Península. En parte, era la propia demanda la que hacía subir los precios, pero fundamentalmente la inflación se debía a la llegada de metales preciosos procedentes de América. A partir de mediados de siglo comenzaron a aparecer los síntomas de una crisis. La causa principal fue el enorme desgaste económico que supusieron las guerras europeas para Castilla. Para hacer frente a los gastos, la Corona mantuvo una presión fiscal creciente y recurrió a pedir préstamos  a los banqueros, alemanes y genoveses, hipotecando los bienes del reino (incluidos los procedentes de América). Cuando no se podía pagar, el rey se declaraba en bancarrota (Felipe II lo hizo en tres ocasiones). Lentamente, toda la riqueza de Castilla, y en menor medida de los otros reinos, se fue diluyendo.
La sociedad del siglo XVI se caracterizó por la preeminencia de la nobleza y el clero, y la persecución de cualquier disidencia religiosa o ideológica (moriscos y los judíos conversos –marranos-) Todo ello tendió a conformar una sociedad dominada por los grupos más conservadores (hidalguía), donde la limpieza de sangre era indispensable para el prestigio social, la pertenencia a la nobleza y el desempeño de cargos públicos.

El alumno deberá ordenar el texto en apartados y nombrarlos.
Introducir algún pequeño añadido (una frase, una línea) del libro de texto, pp. 50,51